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ADOLESCENTES, PADRES Y TECNOLOGÍA

 LA FAMILIA VULNERABLE.

 

             Que la tecnología ha venido para quedarse es un hecho innegable. Hoy día es raro quien no dispone de un smartphone, maneje las redes sociales, consulte información a través de internet,  compre online, vea películas o series y un largo etcétera. Nos ofrece un abanico infinito de posibilidades y su uso intuitivo ha propiciado su propagación e implantación en la sociedad a una velocidad vertiginosa y sin precedentes.  La tecnología, en líneas generales, ha mejorado y simplificado nuestras vidas,  pero su rápida implantación no está exenta de riesgos. Ha cambiado el modo de relacionarnos con los demás, las rutinas familiares, ha fomentado el individualismo en detrimento de las relaciones sociales físicas...

 

            Nos hemos acostumbrado a ella  y la hemos incorporado a nuestros hogares como un miembro más de nuestra familia. A nadie le sorprende hoy día ver como una familia va de viaje en el coche y los niños van detrás con la tablet viendo dibujos, o cuando salimos a tomar algo y se ven los padres charlando distanciadamente mientras los pequeños estan inmersos en el juego del móvil de moda. Los padres muchas veces no son conscientes de los riesgos que entrañan el uso de la tecnología a edad temprana, ni como puede afectar el uso y abuso de la tecnología en el desarrollo de su hijo. Y yo me pregunto, ¿los padres cuentan con la información suficiente para saber diferenciar un uso racional y adaptado a la edad del menor de un abuso de la tecnología? ¿Conocen los padres las enormes posibilidades de que su hijo sea víctima de un delito a través de la tecnología? ¿y de la posibilidad de que su hijo sea el AUTOR del delito?

 

 

            Figuras como el ciberbullying, el sexting o el grooming son términos que suenan lejanos a la mayoría de los padres de niños pequeños, pero que ya no son tan extraños entre padres de adolescentes, cuando ya se han encontrado con el problema y tienen que aprender ellos a afrontarlo,  o se sorprenden con una faceta de su hijo o hija totalmente desconocida y entonces ¿cómo actuar?

 

            Estamos atravesando una era de revolución tecnológica sin precedentes, pero para la que no estamos prevenidos ni instruidos,  y lo que es más importante, para la que no estamos preparando y capacitando a nuestros hijos, y que ya está generando nuevos dramas familiares.

 

            Me encuentro con adolescentes adictos a la tecnología, aislados en su habitación 24 horas los 365 dias del año, que han dejado de tener relaciones personales directas, siendo su mundo y su relación con el mundo a traves de una pantalla, donde la comunicación entre la familia ha desaparecido, generando discusiones, agresiones, absentismo y fracaso escolar, depresión en los adolescentes, suicidio...Ya han pasado varios casos por mi despacho, y cada vez son más habituales.

 

            Me encuentro padres/madres desesperados sin saber qué hicieron mal y cómo poder ayudar a sus hijos, acudiendo a la sanidad publica en busca de ayuda, cuando la realidad que los medios existentes son escasos y los padres se encuentran solos, y los menores y jóvenes también se encuentran solos. En el mejor de los casos son derivados a Salud Mental, donde las citas se eternizan, donde no hay un seguimiento por el profesional simplemente, porque el profesional es trasladado continuamente de centro y donde en definitiva no hay recursos eficientes ni suficientes para poder ayudar a las familias. Un problema cada vez más generalizado pero que no tiene visibilización social. Nuestros jóvenes se estan muriendo detras de la pantalla.

 

            Recuerdo un caso de una madre soltera, con un hijo adolescente. La mujer tenía una jornada laboral infame, pero debía mantener a su familia, pues era el único sustento familiar. Su hijo de 13 años llevaba mucho tiempo reclamándole un ordenador, pues lo necesitaba para estudiar, hacer los trabajos que le mandaban en clase, etc. Con mucho esfuerzo, el ordenador fue una realidad en casa un 6 de enero. De repente el chico cariñoso y amable empezó a cambiar, ya no quería salir a la calle con sus amigos, se acostaba tarde, dormía mal, comía rápido para irse a su habitación, empezo a tener mal humor, cada vez estaba más irascible, las notas empezaron a bajar, faltaba a clase, llegaron las amonestaciones en el instituto, los castigos... Pero la situación no mejoraba.

 

            Un día  cualquiera va la madre a hacer la compra, va a pagar con la tarjeta y le informan de que ha superado el límite de crédito que tenía disponible: " ¿cómo? !si no he comprado nada!"

Se llega al banco a solucionar el problema y estalla ante sus ojos la realidad: alguien ha gastado más de 6000 euros utilizando su tarjeta. La primera reacción lógica de esta madre fue acudir a la policía a denunciar el caso, allí es informada de que la tarjeta se ha usado desde la IP del ordenador de su casa.  Atónita la madre solicita al banco los extractos de las compras realizadas por su tarjeta: fornite, minecraft...

Al principio las cantidades eran pequeñas:  1,5 euros, 2 euros, en poco tiempo las cantidades eran cada vez mayores y más continuadas. La evidencia era abrumadora, después del varapalo la madre vuelve a la policía a buscar ayuda.  No pueden hacer nada, su hijo es menor de 14 años y además las disposiciones de dinero las ha realizado con la tarjeta de su madre. El menor había visto un tutorial de como hackear una tarjeta, la jurisdicción de menores no es competente por la edad del menor, pero además concurre excusa absolutoria porque es su madre. Es pasmosa la facilidad con la que un menor puede crearse una cuenta sin mayores complicaciones ni comprobación por parte de la empresa de la identidad de la persona que se encuentra detrás de la pantalla y sin responsabilidad alguna por parte de la misma. El lector pensará "la culpa es de la madre por no estar pendiente..", tenemos una costumbre nacional de buscar culpables increíble, si orientásemos esa energía a buscar soluciones este bendito país funcionaría infinitamente mejor.

 

            El panorama no es muy alentador, ¿verdad?, el pediatra del menor lo deriva a la USMIJ, pero las citas mensuales con el psicólogo que cambia constantemente no ayudan al menor, y la madre tiene que seguir trabajando para mantener a su hijo.

Este círculo vicioso es una realidad que me encuentro y que comparten familias con hijos adictos a otras sustancias.   Esta madre es un ejemplo sólo de la desprotección y abandono que sufre la familia hoy día. Sin medios económicos es difícil abordar en España una adicción, si además estamos hablando de menores y de tecnología la cosa se complica.

 

            Los poderes públicos están obligados por mandato constitucional a proteger social, económica y juridícamente a la familia así como a la protección integral de los hijos.... me parece que este mandato constitucional como muchos otros queda en agua de borrajas.

Con este artículo solo pretendo hacer una reflexión del enorme problema que existe actualmente con el uso de las tecnologías y los jovenes en nuestra sociedad, y del enorme trabajo que debe hacerse por parte de todos los operadores sociales para que pueda solventarse.

 

            Existen muchos factores que influyen en que un niño o adolescente termine siendo adicto a la tecnología: desinformación de los padres, uso normalizado socialmente de dispositivos móviles desde temprana edad, escasa educación tecnológica del profesorado, las jornadas laborales que impiden la conciliacion familiar .... la mayoría de nuestros jóvenes nos pueden dar una clase magistral del uso de las tecnologías, los padres hoy día vamos a la zaga en cuanto a manejo y conocimiento del mundo virtual. Pero que sepan usar la tecnología no significa que conozcan los riesgos que implica, en ese ámbito existe una gran desinformación, y una nula concienciación social.

 

Los padres están perdidos y este problema mayúsculo está silenciado. Desconozco cuántos chicos se recuperan totalmente de la adicción,  y cuántos se cronifican o terminan sus vidas vacias, siendo un número más en las estadísticas brutales de suicidios en España (otro tema silenciado y que merece una profunda reflexión). Cada dos horas y media se suicida una persona en España, diez al día: los muertos por suicidio duplican a los de accidentes de tráfico, superan en once veces a los homicidios y en ochenta a los de violencia de género. En España fallecen por cada suicidio el doble de personas que por accidentes de tráfico. (Datos del Instituto Nacional de Estadistica, 2019).

 

            En mis años de ejercicio profesional he impartido talleres en escuelas e institutos acerca del uso de las tecnologías a los jóvenes, concienciando de los riesgos de la tecnología para ellos y para su entorno, de los delitos que pueden cometer y de los que pueden ser víctimas, haciéndoles reflexionar sobre el uso que hacen del teléfono móvil, las redes sociales..., conozco algunas asociaciones y profesionales que también están involucrados en esta labor informativa y divulgativa, son buenas iniciativas pero insuficientes. Entiendo que sería deseable la creación de escuelas de padres para instruir acerca del uso eficiente de la tecnología por parte de todos los miembros de la familia, de los riesgos que entraña para el menor, para los jóvenes, igualmente sería deseable que nuestros poderes públicos se implicaran realmente en la proteccion de las familias con medidas reales y efectivas, donde los padres puedan tener tiempo para ocuparse de sus hijos y se cumpliera la tan cacareada conciliación laboral y familiar, que se ofertara y potenciara la creación de clases extraescolares de uso adecuado de las TICS, talleres de inteligencia emocional.... Sería igualmente deseable que los poderes públicos se concienciaran de que nuestros jóvenes están muriendo o enfermando delante de una pantalla, el futuro de nuestro pais se encuentra desprotegido ante el mundo todopoderoso virtual y los padres inermes ante esta nueva realidad con la que tienen que lidiar.

 

 

Montserrat Perea Díaz.

Abogada y Mediadora familiar.

Miembro de Solución@

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